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Disciplina: la habilidad de perfil bajo, esencial para triunfar en la vida

Mucho se habla de la importancia de la motivación para emprender tanto las pequeñas como las grandes tareas de la vida. La motivación se origina en el deseo de cambiar. Es una fuerza, una energía que nos impulsa a actuar, a hacer algo para generar un cambio. La motivación nos pone en movimiento y cuando nos activamos y hacemos, las cosas pasan. No siempre pasan en el momento ni en la forma en que queremos, pero tarde o temprano algo cambia. O para decirlo de otro modo: si no nos movemos, no actuamos y nos mantenemos en una actitud pasiva, ningún cambio va a ocurrir, eso seguro.

Entonces sí, sin dudas, la motivación es fundamental para realizar los cambios que deseamos y lograr objetivos en la vida. Sin embargo, con la motivación sola no alcanza. Hay otro factor que es igualmente importante – o tal vez más- y que debe actuar en sintonía con ella para conseguir las metas que nos proponemos. Ese factor es la disciplina, el tema de este post.  

Pregunta básica: ¿qué es la disciplina? Entre las muchas definiciones que encontré, hay una que me pareció bastante buena y dice asÍ: “La disciplina es la habilidad de actuar de manera ordenada y perseverante para conseguir un objetivo. Exige un orden y ciertas líneas de conducta para poder lograr los objetivos deseados, soportando las molestias que esto ocasiona. Es una habilidad que tienen los individuos para actuar de manera enfocada y planificada”.

Cuando se trata de trabajar de manera enfocada y planificada se me viene a la mente el ejemplo de los deportistas. Es a pura fuerza de disciplina que soportan largos periodos de entrenamiento intenso y extenuante lo cual es vital para lograr sus metas deportivas.

Entonces, volviendo al principio, podemos afirmar que sí, que tanto la disciplina como la motivación son esenciales para lograr cosas en la vida. Ahora bien, la pregunta que quizás te estés haciendo sea: ¿cuál es la diferencia entre motivación y disciplina?

Muy simple.  Imaginate que tenés que hacer una tarea o actividad determinada, por ejemplo, terminar una tarea del trabajo que venís posponiendo hace rato. La motivación equivale a las ganas que sentís de hacer esa tarea. Y las ganas tienen que ver con la emoción. Es decir, si estás cansado, desanimado, triste, o simplemente no tenés ganas de hacerla, la motivación no va a aparecer y el resultado será posponer una vez más la tarea, dejarla para después, para cuando te sientas “motivado”.

La disciplina en cambio equivale a hacer esa tarea independientemente de si tenés ganas o no. Lo hacés porque hay una razón: hay que hacerla. Punto. Por supuesto que es más agradable hacer las cosas cuando tenemos ganas, pero ya sabemos que no siempre uno tiene ganas de trabajar, de hacer ejercicio, de comer comida saludable, etc. Sin embargo, si sos un individuo responsable, lo vas a hacer sin dar demasiadas vueltas. De eso se trata la disciplina y ser disciplinado.

Cuando estamos motivados, nos sentimos inspirados para lograr eso que nos moviliza y hacemos lo que hay que hacer llenos de energía y ganas.  Pero ¿qué sucede cuando la motivación se diluye? ¿O cuándo por una u otra razón comenzamos a autosabotearnos? Por ejemplo, haciendo caso a esas voces que resuenan dentro de la cabeza y que repiten una y otra vez: no tengo ganas, no puedo, no soy capaz, justo ahora no tengo tiempo, estoy cansado, lo hago mañana y cosas por el estilo.

En este punto, cuando las cosas empiezan a ponerse difíciles y la energía de la motivación inicial se disipa, ser disciplinado es lo que te mantendrá firme. La disciplina es una poderosísima aliada que ayuda a llegar a la meta, pues hacemos lo que debemos hacer, cuando lo debemos hacer, sin pensarlo mucho, sin poner excusas. Así de simple.

La disciplina es menos popular y atractiva que la motivación. Al escuchar la palabra “disciplina” muchos la asocian con aburridísimos sermones de padres, maestros y profesores de la infancia y adolescencia. Se la relaciona con sufrimiento y con castigo. Esta mala fama es, en mi opinión, un poco injusta; porque la disciplina te libera de la dependencia de las ganas para hacer algo. Como decía antes, con la ayuda invaluable de disciplina, simplemente lo hacés.

Una aclaración: me parece que el término “autodisciplina”, suena más correcto que “disciplina”. Porque la autodisciplina consiste en cumplir con la palabra que uno se ha dado a sí mismo. Porque esa acción que uno elige hacer o dejar de hacer contribuye a formar el futuro que uno quiere. La autodisciplina siempre apunta al largo plazo. De todas maneras, esta diferencia entre palabras no es tan importante: todos sabemos que cuando hablamos de disciplina nos referimos a la autodisciplina.

Quien no conoce la autodisciplina la asocia al sufrimiento, porque solo ve el momento en el que se priva del placer para realizar una acción que no le gusta, que no le causa placer instantáneo. No ve el progreso que consigue con esa acción ni entiende cómo la autoestima se fortalece. Porque la realidad es que al ser disciplinado uno se siente mejor con uno mismo.  

Te propongo que hagas un experimento. Probá hacer una actividad cuando te sientas con ganas, por ejemplo, una sesión de ejercicio. Disfrutá del placer del movimiento, de la energía que sentís, de la música que acompaña, del aire puro y el sol si corrés afuera, etc. Seguramente todo eso te produce una sensación muy agradable ¿verdad? Bien. Después, otro día, vas a repetir la misma sesión, pero cuando sientas menos ganas. Cuando te sientas un poco cansado, desanimado, harto de todo. No importa, la hacés igual, ¿ok? Prestá atención a cómo te sentís cuando terminás. Seguro que te sentís mucho mejor que antes de empezar gracias a las endorfinas liberadas.  Y otra cosa: no solo no te vas a arrepentir de haber completado la sesión de ejercicio, sino que además vas a sentirte orgulloso por haberlo hecho a pesar del cansancio que sentías.

A mí personalmente me encanta la sensación de haberme forzado a hacer eso que debía hacer a pesar de que el nivel de motivación con que contaba era nulo. Es la satisfacción de haber cumplido con la palabra que me di a mí misma.

La autodisciplina funciona como un músculo. Cuando la ejercitas frecuentemente se vuelve más fuerte. Se complementa perfectamente con la motivación, que es la que da la energía para comenzar. Por eso te sentís motivado al principio, cuando estás por comenzar algo nuevo. El problema es que cuando pasa el tiempo, la motivación tiende a esfumarse y es justo ahí cuando la disciplina se activa y nos permite conseguir los objetivos que deseamos.

Una duda que puede surgir es si en el caso de artistas, escritores y gente creativa en general, la disciplina no resulta opuesta a la libertad y flexibilidad que las almas creativas necesitan para ser justamente eso, creativas. La pregunta en este caso sería; ¿creatividad y disciplina son compatibles o se excluyen mutuamente? ¿Es posible unirlas, crear una sinergia entre disciplina y creatividad?

Yo creo que sí, es posible unirlas. Es más, creo que son dos caras de la misma moneda. Lo explico con un ejemplo. Creo que todos estamos de acuerdo en afirmar que Einstein se destacaba no solo por su prodigiosa inteligencia, sino también por su extraordinaria creatividad como científico, ¿no? Lo interesante es que Einstein era súper disciplinado.  Mantenía una rutina estricta de alimentación, ejercicio (caminaba y andaba en bicicleta regularmente), de horarios de trabajo y horas de sueño.

A veces la creatividad suele verse como algo que pasa, como un rayo que aparece de la nada y nos inspira a crear obras maestras. Y la verdad es que la mayoría de las veces la creatividad sin disciplina no es más que una intención. Es la “aburrida” disciplina la que logra que la creatividad se materialice en resultados concretos.

Pensá en los escritores. ¿Cómo hacen para convertir esos borradores incompletos en obras terminadas y publicadas?  Vemos el ejemplo de Stephen King. El prolífico y exitoso autor de más de 50 novelas dice que escribe 2.000 palabras al día, todos los días, incluido el día de su cumpleaños. Stephen King recomienda que los principiantes escriban al menos 1.000 palabras todos los días. Con ganas o sin ganas, con inspiración o sin inspiración. No importa. Dice que sentarse a escribir y completar esas 1.000 palabras todos los días es lo que convierte al aficionado en escritor profesional.

Pasemos ahora a ver algunas características de la mente disciplinada o autodisciplinada:

Autocontrol. El autocontrol es una de las características más importantes de la disciplina. Cuando tenés autocontrol, es más fácil avanzar en el camino. Esta cualidad te ayuda a actuar, incluso cuando te falta motivación o inspiración. Te ayuda a mantenerte firme cuando sentís que estás a punto de abandonar.

Autoconfianza. La disciplina se caracteriza por la autoconfianza para resolver cualquier desafío que se te presente en el camino. La autoconfianza significa que te sentís capaz y confiado en que podés y que vas a lograr cumplir tus metas y objetivos.

Foco. Cuando sos disciplinado, conocés perfectamente las razones que te mueven a actuar y sabés cuáles son tus metas. De esta manera, es más fácil mantenerse enfocado en la tarea, y no dejarse atrapar por excusas.

Paciencia. Paciencia y disciplina van de la mano. Una mente disciplinada sabe que las cosas llevan tiempo. No se apura, no se desespera, ni abandona a mitad de camino.

Satisfacción. La disciplina te ayuda a alcanzar el éxito y sentir satisfacción. Cada vez que actuás para alcanzar tus objetivos, sentís satisfacción y orgullo. Aunque se trate de pequeños pasos, la satisfacción se hará presente como una recompensa.

Termino con algunos consejos para fortalecer la autodisciplina:

Eliminá las tentaciones. Es simple, si eliminás las tentaciones más grandes de tu entorno, tu disciplina mejorará muchísimo. Ejemplo, si querés comer más saludable, tirá ya mismo a la basura toda la comida chatarra que tengas a tu alcance.

Establecé metas claras y tené un plan de ejecución. Es fundamental tener una visión clara de lo que esperás lograr. También debes tener una idea definida de lo que el éxito significa para vos. Después de todo, si no sabes hacia dónde vas, es fácil perderte o desviarte del camino.

Comé sano, hacé actividad física y dormí bien. Comer sano, moverte y tener hábitos nocturnos regulares hacen que tu vida sea saludable y que te sientas bien. Cuando te sentís bien, la autodisciplina se vuelve parte natural de tu vida.

Y por último, perdonate y seguí. La autodisciplina no es obsesión enfermiza. ¿No pudiste hacer lo que debías hacer? ¿No tenías ganas ese dia? ¿Fallaron tus planes? Y bueno, así es la vida, c’est la vie. Las personas con autodisciplina saben que no son máquinas y que si por alguna razón no pudieron o no quisieron hacer lo que debían hacer, lo harán al día o la semana siguientes. No pasa nada.

En fin, no es exagerado afirmar que la disciplina (o autodisciplina) es un factor clave para lograr el éxito personal. Las metas que nos hacen sentir orgullosos de nosotros mismos se logran en gran medida gracias a esta habilidad “aburrida”, de perfil bajo, pero extremadamente efectiva. Como alguien dijo: “El éxito es simplemente la aplicación diaria de la disciplina”.

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