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El poder de la inteligencia emocional

De un tiempo hasta esta parte, el término “inteligencia emocional” ha logrado instalarse en distintas áreas: educación, empresa, psicología, desarrollo personal, entre otras.  Pero ¿qué es la inteligencia emocional? La inteligencia emocional es la capacidad que permite identificar las emociones de manera que uno pueda expresarlas y administrarlas adecuadamente. Aunque la expresión “administrar las emociones” resulte un poco extraña, la realidad es que es posible manejar, gestionar las emociones de manera inteligente. Es posible y necesario porque de esa manera se evitan esas reacciones emocionales impulsivas y explosivas de las que uno suele arrepentirse después.

Durante años y aún en la actualidad, la inteligencia cognitiva era la que se priorizaba en la mayoría de los sistemas académicos y educativos. La inteligencia cognitiva es la que se relaciona con capacidades tales como la memoria, la atención, el lenguaje, la habilidad para los números o para la ciencia. Es el tipo de inteligencia que se mide con el coeficiente intelectual (CI) (En inglés: IQ)

Un coeficiente intelectual elevado ha sido tradicionalmente considerado como el principal determinante del éxito. Se asumió y todavía se sigue asumiendo, que las personas con un CI alto estaban destinadas a una vida de logros y éxito. Sin embargo, con el tiempo, los investigadores, educadores y psicólogos, comenzaron a darse cuenta de que la inteligencia cognitiva por sí sola no era garantía de éxito en la vida.

De todas maneras, hay que decir que un elevado CI, expresión de una elevada inteligencia cognitiva, todavía se reconoce como un factor importante de éxito, especialmente cuando se trata de logros académicos. Las personas con un alto CI suelen tener un buen desempeño en la escuela y en la universidad, suelen ganar más dinero y tienden a ser más saludables en general. Pero en la actualidad los expertos reconocen que el coeficiente intelectual no es el único factor determinante del éxito en la vida. La inteligencia emocional es igualmente importante.

EL psicólogo estadounidense Daniel Goleman fue quien introdujo y popularizó el concepto de inteligencia emocional en su libro “Inteligencia Emocional”. Goleman explica que las características de este tipo de inteligencia son las siguientes:

  • La capacidad de motivarnos a nosotros mismos y de perseverar en el esfuerzo a pesar de las posibles frustraciones.
  • La capacidad de controlar los impulsos y de postergar las gratificaciones inmediatas.
  • La capacidad de regular nuestros propios estados de ánimo y de evitar que emociones como el enojo, la ira o la angustia interfieran con nuestras facultades racionales.
  • La capacidad de empatizar y confiar en los demás.

“El grado de dominio que alcance una persona sobre estas habilidades resulta decisivo para determinar el motivo por el cual ciertos individuos prosperan en la vida mientras que otros, con un nivel intelectual similar, acaban en un callejón sin salida”, dice Goleman.

Un dato positivo con respecto a la inteligencia emocional es que es posible desarrollarla y mejorarla. El primer paso para desarrollar la inteligencia emocional es aprender a reconocer nuestras emociones para luego comprender de dónde provienen y así poder controlarlas y administrarlas. Las emociones no se pueden eliminar, pero se pueden comprender y manejar. Viene a cuento la famosa frase de Sócrates: “Conócete a ti mismo” ya que cuanto mayor conocimiento tengamos de nuestras emociones y sentimientos, mejor preparados estaremos para entenderlos y controlarlos.

El primer paso para desarrollar la inteligencia emocional es aprender a reconocer nuestras emociones para luego comprender de dónde provienen y así poder controlarlas y administrarlas.

Otro paso importante es evidenciar las emociones, es decir identificar con la mayor precisión posible las emociones que sentimos en cada momento. Ponerle nombre, etiquetarlas. Por ejemplo, esa sensación poco agradable que podés estar experimentando en este momento ¿Qué es? ¿Tristeza? ¿Miedo? ¿Enojo? ¿Cansancio? ¿Estrés? Si podés aclarar y nombrar lo que sentís, podrás identificar el origen de la sensación y analizarla racionalmente. Porque justamente de eso se trata la intelgencia emocional: de no dejarse invadir por las emociones, de mantener la calma y la racionalidad.

Ahora bien, no dejar que las emociones te dominen no es lo mismo que no demostrarlas. Podés explicar lo que sentís, expresar tu opinión, pero de una manera racional y equilibrada. Lo mismo ocurre con las emociones más íntimas. Hablá de tus sentimientos para expresar afecto o para expresar necesidades o carencias. Es así, con calma y racionalidad, como se crean las condiciones de un diálogo productivo que genera los cambios que deseamos.

Otra cosa, no te dejés engañar por las apariencias emocionales. Esto se relaciona con lo que decíamos antes acerca de identificar claramente las emociones. Muchas veces las emociones primarias desencadenan emociones secundarias, y eso nos lleva al error de creer que lo que realmente estamos sintiendo es la emoción secundaria. Te doy un ejemplo. Imaginate que has tenido un día terrible. En el trabajo discutiste con tu jefe, no pudiste terminar lo que debías porque no funcionaba el sistema, el tránsito en la ciudad estaba imposible, en fin, todo mal. Llegás a tu casa y te enojás con tu pareja porque se olvidó de comprar no sé…queso, por ejemplo.  En apariencia la emoción que sentís es enojo porque la otra persona se olvidó de comprar queso, pero probablemente lo que en realidad estás sintiendo es estrés y cansancio. El enojo no es más que una emoción secundaria derivada de la otra, de la emoción primaria. Si antes de reaccionar, te tomás unos segundos para entender tus emociones, es casi seguro que el enojo con tu pareja por el queso va a desaparecer y va a desaparecer también la causa de la pelea inútil que se hubiera desatado por esa razón. Ese es un ejemplo de cómo se puede aplicar la inteligencia emocional a la vida cotidiana.

Otro punto importante es la empatía. Desarrollar un sentido de empatía es muy importante para desarrollar la inteligencia emocional. Nada mejor para entender al otro que ponerse en sus zapatos. Ante una situación problemática, siempre tratá de ponerte en el lugar de la otra persona para poder comprender sus actitudes. Invertir los papeles puede ayudar a ser más tolerante y comprensivo.

Y, finalmente, no juzgués la forma en que te sentís. Las emociones tienen una función: darte información sobre lo que está ocurriendo. Si pudieras reprimirlas estarías a ciegas y no sabrías cómo reaccionar. Considerá tus emociones no como algo bueno o malo, sino como la fuente de información que te ayudará a ser más consciente de vos mismo.

Las emociones negativas tienen un rol preventivo. No tratés de reprimirlas. Hay que comprenderlas y tratar de obtener toda la información posible para enfrentarte al problema sobre el cual te están alertando. Por ejemplo, la tristeza te indica la pérdida de algo valioso y te prepara para superar esa ausencia. El miedo, te indica que hay peligro (real o imaginario) y te prepara para la acción. Las emociones positivas te dan una señal. La alegría, por ejemplo, aparece cuando algo te resulta agradable. Te motiva a querer experimentarla otra vez con conductas que te lleven a sentirla de nuevo.

La inteligencia emocional nos permite crear lazos saludables con los demás además de una profunda conexión con nuestro interior. Nos protege en situaciones difíciles, porque el autoconocimiento nos puede mantener a flote incluso cuando queremos tirar la toalla. Por ejemplo, si detectamos sentimientos de frustración y aceptamos que son parte de la vida, es posible que sigamos adelante, aunque no todo haya salido como deseábamos.

Sobran ejemplos de personas talentosas, exitosas en su profesión e inclusive genios que han sufrido las trágicas consecuencias de no haber contado con una inteligencia emocional robusta que les permitiera controlar y administrar emociones e impulsos. Las personas que no usan su inteligencia emocional tienden a apoyarse en otros métodos -en general, pocos saludables- para manejar las situaciones complejas de la vida. Se dice que las personas con un bajo nivel de inteligencia emocional tienen el doble de probabilidades de experimentar ansiedad, depresión, abuso de sustancias e inclusive, intentar el suicidio.

Termino con una excelente reflexión de Daniel Goleman, el padre de la inteligencia emocional. Dice Goleman: “Tal vez no haya habilidad psicológica más esencial que la de resistir los impulsos”.

¡Chau! ¡Hasta el próximo artículo!

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