Manana
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Cómo dejar de procastinar

Algunos más, otros menos, la realidad es que todos algunas veces decidimos posponer tareas
pendientes, que sabemos que tenemos que hacer, esgrimiendo excusas (disfrazadas de comprensibles razones) para justificar nuestros actos dilatorios. En una palabra: todos procastinamos.

El verbo “procastinar” deriva de la palabra inglesa procastination que significa posponer o
postergar tareas, deberes y responsabilidades y reemplazarlas por otras actividades que nos resultan más gratificantes. Vendría a ser lo contrario del viejo dicho: “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. Si reformulamos el dicho de acuerdo al concepto de proscastinar quedaría: “No hagas hoy lo que puedes dejar para mañana”.

Procrastinar es una forma de evadir, usando otras actividades como excusa para no enfrentar una
responsabilidad, una acción o una decisión que debemos tomar y que no tenemos ganas o nos
resulta difícil hacerlo. Como decía al principio, todos procastinamos a veces y es natural; no somos
máquinas programadas para realizar tareas automáticamente. Nos pasa que no tenemos ganas, que
estamos cansados, o que tenemos otras cosas más urgentes para resolver. Ok, fair enough. Pero una
cosa es posponer ocasionalmente alguna tarea y otra cosa es hacerlo de manera sistemática, aun
sabiendo que al final nos terminará perjudicando a nosotros mismos.

La frase tan familiar: “Mañana lo hago (o empiezo)” puede aplicarse a un sinfín de cambios que deberíamos incorporar y obligaciones cotidianas como el trabajo, la visita al médico o al dentista, el ejercicio físico, la decisión de dejar el cigarrillo, empezar a comer más sano, etc. Ese “mañana” se va dilatando indefinidamente hasta que las tareas se acumulan en una lista descomunal de cosas pendientes. Y, por supuesto, como son tantas uno se siente agobiado ¿y que hace? Sigue procastinando, claro. Y así, la procastinación se transforma en un (mal) hábito.

Numerosas investigaciones indican que la procrastinación está relacionada con una salud psicológica débil: las personas que dejan las cosas para otro momento suelen tener problemas de ansiedad, estrés y depresión. Otros problemas que causa son: dificultad para tomar decisiones, incapacidad para solucionar problemas, dificultad para organizar y sigue la lista. Inclusive algunos estudios han descubierto que este mal hábito incrementa el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y de tener presión arterial alta.

La buena noticia es que se puede dejar de procastinar. Solo es cuestión de admitir ante uno mismo
que se trata de un problema y decidirse a hacer algo al respecto. A continuación, vamos a ver algunas técnicas que te van a resultar muy útiles para evitar la procastinación.

Definir objetivos de manera específica. Una técnica efectiva es definir los objetivos de forma
específica, es decir, indicando, por ejemplo, dónde y cuándo se realizará una determinada tarea. No sirve decir “voy a empezar a hacer ejercicio”. Lo que sirve, es decir: el jueves a las 7 de la tarde voy a ir al gimnasio o voy a salir a correr. Mucho mejor si se lo decís a alguien, ya que de esa manera, al comunicarlo, lo has hecho oficial y público, y así consciente e inconscientemente, lo interpretas como un compromiso que has asumido y que tenés que cumplir. En una palabra, programás tu cerebro para hacerlo.

Actuar de manera inversa a la habitual. Otra técnica es actuar de forma inversa a la que
normalmente haríamos. Es decir, ante una tarea que nos resulta abrumadora, en lugar de posponerla como hacemos normalmente, la abordamos de inmediato. ¡Ya mismo! Si es muy grande o lleva mucho tiempo, la dividimos en partes, en objetivos parciales. En general, al dar el primer paso y vencer la resistencia inicial, te ponés en marcha y la hacés.

Inventarse una recompensa. Otra cosa que también ayuda es crear una recompensa para cuando hayas terminado esa tarea que te resistías a hacer. Encontrá la motivación pensando en lo que vas a hacer después de haberla terminado. Por supuesto que tiene que ser algo personal, que tenga sentido para vos, algo que realmente te cause placer y te relaje.

Organizar cada día el día antes. Para terminar, una de las técnicas más efectivas para dejar de
procastinar: organizar cada día con tareas y horarios el día antes. Escribí el día antes una lista de tareas y un horario rígido para cada una. Cuando realizás una lista de tareas y organizas tu día por horas, estás instalando nuevos hábitos en tu mente. Con el tiempo, si esta acción se repite, los buenos hábitos se irán haciendo más fuertes y procastinar sencillamente no será una opción.

Un último consejo: el peor enemigo de la procastinación es la acción, hacer, ponerse en movimiento.
Una vez que empezás, las cosas suelen ser mucho más simples de lo que pensabas. Además, la
satisfacción profunda del deber cumplido es muy estimulante. Saber que pudimos vencer la
resistencia y la inercia, nos aumenta los niveles de autoconfianza y autoestima y nos motiva a hacer más. Es así como se abandona el vicio de procastinar y se lo reemplaza por el saludable hábito de hacer lo que debemos hacer sin vueltas ni excusas. No, no siempre es divertido, pero sabemos que posponer indefinidamente es una pésima y peligrosa costumbre que nos acarrea incontables problemas y al final, nos termina complicando la existencia innecesariamente.

Cierro con una frase que leí por ahí: “La procastinación es como la tarjeta de crédito: es divertida hasta que te llega la cuenta”. 🙂

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