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¿El orden nos hace felices?

El sociólogo francés Jean Claude Kauffman en su libro Le Cæur a l’ouvrage (la traducción aproximada sería: Trabajar/hacer algo con pasión) afirma que la humanidad dio un paso decisivo el día en que el hombre de Neanderthal decidió que el lugar de las osamentas y restos de comida se encontraba fuera de su refugio. Un gesto en apariencia menor que sin embargo constituyó un avance enorme en la formación de la estructura del cerebro humano. El hecho de ubicar la basura fuera de la vivienda es, en definitiva, un momento fundacional de la civilización humana. Somos humanos porque, entre otras cosas, contamos con la capacidad de ordenar, separar y organizar.

Somos humanos porque, entre otras cosas, contamos con la capacidad de ordenar, separar y organizar.

El éxito de ventas del libro La magia del orden de la japonesa Marie Kondo, revela que el orden es un tema central en la estructura de la vida individual y social. Más allá del método concreto que Kondo recomienda para desembarazarse de objetos innecesarios, lo interesante del libro es que la autora relaciona el orden con la noción de felicidad.

La idea es simple: sugiere que al momento de ordenar amontonemos las cosas de un determinado lugar (en la habitación, por ejemplo), tomemos una de esas cosas y nos preguntemos: Este objeto, ¿me genera alguna sensación positiva? Aconseja no pensar demasiado la respuesta. Por ejemplo, tomamos una camisa y nos hacemos la pregunta: ¿Esta camisa me despierta algo positivo? Si la respuesta es “sí” la guardamos. Si en cambio, dudamos o pensamos demasiado, la donamos. ¿Por qué? Porque esa camisa no nos genera ni alegría ni placer; tal vez algún sentimiento de culpa (“la pagué cara”) o de deber (“debería haberla usado más”). La teoría de Kondo es que si privilegiamos estos sentimientos culposos, terminamos amontonando objetos sin valor personal. En resumen, una acción inútil. Y egoísta también. En vez de guardar la camisa y no usarla, la puedo donar y ayudar a alguien que la necesita.

La teoría de Kondo es que si privilegiamos sentimientos culposos, terminamos amontonando objetos sin valor personal

Es cierto, a veces nos resulta complicado deshacernos de ciertas cosas. El problema no es la cosa en sí misma, sino lo que representa: algún momento feliz del pasado. Conservar el objeto es un intento de preservar las emociones asociadas al mismo o, visto de otra manera, un intento de mantener vivo el pasado en el momento presente. Pero si nos hacemos la pregunta simple de Kondo y la respuesta es “no, no nos despierta ningún tipo de sentimiento positivo” deberíamos donarlo. La reacción después de habernos desprendido del objeto suele ser de alivio, pues sentimos que finalmente nos hemos liberado de paralizantes ataduras del pasado.

Reflexiones:

Como el hombre de Neanderthal, necesitamos desembarazarnos de nuestras “osamentas” y restos; sacarlos de nuestro refugio para ordenar no solamente nuestro hábitat, sino también la existencia. La felicidad no tiene posibilidad de germinar en el terreno del caos.

¿Necesitás ordenar? Probá con hacerte la pregunta de Marie Kondo: “Esto (lo que sea) ¿me genera alegría, placer o alguna otra sensación agradable?” Y ya que estamos, ¿por qué no hacerse la misma pregunta en relación a otras situaciones de la vida? (trabajo, amistades, pareja, etc.)  Si la respuesta es “no”, bueno, ya sabés lo que tenés que hacer…

¡Chau! ¡Hasta el próximo artículo!

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